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PALAVRAS DE UMA ÍNDIA VASCA: LEITURAS SOBRE O COMPROMISSO INTELECTUAL DE GABRIELA MISTRAL COM A GUERRA CIVIL ESPANHOLA

Edição Atual

PALAVRAS DE UMA ÍNDIA VASCA: LEITURAS SOBRE O COMPROMISSO INTELECTUAL DE GABRIELA MISTRAL COM A GUERRA CIVIL ESPANHOLA


PALABRAS DE UNA INDIA VASCA: LECTURAS SOBRE EL COMPROMISO INTELECTUAL DE GABRIELA MISTRAL CON LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA1


Carola Sepúlved
Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, Región Metropolitana, Santiago, Chile


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RESUMO:

Gabriela Mistral, professora, escritora e diplomata chilena atuou como consulesa de Chile na Espanha entre os anos 1933 e 1935, etapa durante a qual desenvolveu uma intensa proximidade com o país e uma profunda identificação com a língua espanhola. Por meio da análise de cartas e da dedicatória do livro Tala (1938), entre outras fontes, tentaremos compreender como a guerra civil que afetou a este país detonou na autora memórias que marcaram sua escrita como intelectual, levando-a a se comprometer com os meninos espanhóis afetados pelo conflito e com a busca da paz. Ao mesmo tempo, trataremos de reconhecer como na produção da autora se apresentam reflexões sobre o conceito de infância, nos convidando, por exemplo, a significá-la como uma esperança transformadora para pensar algumas das experiências de tragédia e morte que se viviam no mundo.

Palavras-chave: Gabriela Mistral; Escrita; Guerra Civil Espanhola; Meninos


ABSTRACT:

Gabriela Mistral, teacher, writer and Chilean diplomatic performed as consul of Chile in Spain between the years 1933 and 1935, stage during which she developed an intense proximity with the country and a deep identification with the Spanish language. Through the analysis of letters and the dedication of the book Tala(1938), among others sources, we will try to understand how the Spanish Civil War that affected that country triggered memories from the author. The war marked her writing as intellectual taking her to compromise with the Spanish children affected by the conflict and with the pursuit of peace. At the same time, we will try to recognize how the author’s production presented reflections about the concept of infancy, inviting us, for example, to signify it as a transforming hope to think some of the experiences of tragedy and death that happened in the world in this period.

Keywords: Gabriela Mistral; Writing; Spanish Civil War; Children

RESUMEN:

Gabriela Mistral, profesora, escritora y diplomática chilena se desempeñó como cónsul de Chile en España entre los años 1933 y 1935, etapa durante la cual desarrolló una intensa proximidad con el país y una profunda identificación con la lengua española. Por medio del análisis de cartas y de la dedicatoria del libro Tala(1938), entre otras fuentes, intentaremos comprender como la guerra civil que afectó a este país detonó en la autora memorias que marcaron su escritura como intelectual llevándola a comprometerse con los niños españoles afectados por el conflicto y con la búsqueda de la paz. Al mismo tiempo, trataremos de reconocer cómo en la producción de la autora se presentan reflexiones acerca del concepto de infancia, invitándonos, por ejemplo, a significarla como una esperanza transformadora para pensar algunas de las experiencias de tragedia y muerte que se vivían en el mundo.

Palabras Clave: Gabriela Mistral; Escritura; Guerra Civil Española; Niños


1. NOTAS INTRODUCTORIAS SOBRE LA RELACIÓN DE GABRIELA MISTRAL CON ESPAÑA

El presente trabajo pretende analizar algunas de las reflexiones de Gabriela Mistral, profesora, escritora, intelectual y diplomática chilena, detonadas por la guerra civil española. A través del establecimiento de redes, fue construyendo representaciones sobre ella misma, sobre América y Europa, sobre la lengua como patrimonio cultural definidor de patria, sobre la infancia y sobre la paz, entre otras cosas.

Trataremos de visibilizar los discursos de una mujer intelectual, poco conocida todavía en su preocupación con los niños y la educación, ámbitos que marcaron profundamente su trabajo como cónsul en diferentes países, entre ellos, Brasil, Italia, Portugal y otros.

Gabriela Mistral tuvo varios acercamientos con España, llegando incluso a desempeñarse como cónsul de Chile en este país entre junio de 1933 y octubre de 1935.

En el año 2002, Vargas indicaba al analizar la relación de Mistral con España que muy poco se había estudiado la “impronta de España en su persona y en su obra” (VARGAS, 2002, p.11), afirmación que ya habían realizado otros (as) autores (as)2 y que todavía hoy sigue siendo pertinente. Incluso después de muchas conmemoraciones, como por ejemplo las del 2015 donde se recordaban los 75 años del reconocimiento de Mistral con el Premio Nobel, me pregunto acerca de las razones, desidias, olvidos, silencios, bloqueos y resistencias que todavía se (re)sienten cuando se habla de ella.

Para comprender algunas actuaciones de Gabriela Mistral, es significativo observar que a lo largo de su vida, la autora creó varias autodefiniciones, donde se fue construyendo y a partir de las cuales fue narrando su propia existencia y el mundo que la rodeaba. Una de estas autodefiniciones fue la de india vasca, que según Vargas habría surgido en 1931, cuando se desempeñaba como profesora del Barnard College en Estados Unidos.3

Según el mismo autor, al denominarse como india vasca, Mistral se manifestaba “clara y lúcidamente expresando el doble venaje de su sangre, el dilema de lealtad a dos procedencias. Y a dos culturas” (VARGAS, 2002, p.18). Vargas también decía que la identificación de Mistral con lo indígena ya se reconocía antes de eso, en tanto,

Durante las décadas 20 y 30, debido a su campaña en pro del indio en general, Gabriela Mistral daba el efecto de apoyar un ecléctico pan-indigenismo, sumado a un esperanzado pan-americanismo mestizo.

Pudiendo haberse asumido como diaguita-vasca, optó por abarcar a todos los indios y definirse como “india-vasca” (VARGAS, 2002, p.19).

En relación a su identificación con España, encontramos que en una carta a su amiga mexicana Palma Guillén,4 Mistral narraba su encuentro con España y con una lengua que le provocaba pertenencia y familiaridad, haciéndola sentir como alguien que era de allí, entendiendo este concepto en un sentido complejo, que trascendería la temporalidad y viajaría hasta otros siglos. En la misiva, Mistral también reconocía a la lengua española como una madre de alma y cuerpo y como ese lugar que la cobijaba y le permitía resistir la violencia de la guerra civil española y el dolor que esta le causaba:

Yo le llegué a la meseta como una hija que ignoraba el tener madre viva, habiendo sido criada por una buena mujer de Elqui. Hasta que un día subí a los orígenes y me hallé que tenía Madre grande, cabal y absoluta, madre de alma y cuerpo, que por mi boca me iba llamando, para que le oyese en su intimidad los dejos recónditos y le reconociese en un relámpago su índole primordial, entera, alta y hasta las raíces. Fue en Castilla donde supe que mi habla era de allí, solo que de un “allí” que para hallarlo completo había que remontar ríos atrás por el tiempo, hasta anclar en el siglo dieciséis. Entender eso, Palmilla, me dio una sensación de pertenencia que ni los más brutales encontrones han podido desquiciar porque ya está tatuada en mi parla, hasta en la inconsciente, y esa querencia ancestral me da una reciedumbre interior muy constante, el afirmadero para las setenta y siete caídas que me ha propinado el General Franco…a turnos con la República (MISTRAL, 2002a, p. 223-224. Énfasis en el original).

Su sentida y reconocida admiración por la lengua española trascendió más allá de su permanencia como cónsul en España, llevándola a preguntarse y problematizar el concepto de lengua como patrimonio cultural definidor de patria y conmoviéndola de tal forma que llegó a declarar que el español se quedaría en ella hasta que su cabeza perdiese vivacidad y memoria:

Me he dejado empapar de español, del hablado hoy y del hablado siglos atrás, buscando saturarme como la esponja, en esa savia verbal que yo traía menguada. Ha de durarme hasta que mi cabeza pierda vivacidad y memoria. He de seguirla saboreando como la vicuña el pasto de las alturas. Y en ella quería seguir hablando al entrar en mi Patria definitiva (MISTRAL, 2002a, p.225. Los énfasis son míos).

Considero que la proximidad que Mistral sentía con España y con la lengua española así como también su autodefinición como india vasca son fundamentales a la hora de comprender su relación con la guerra civil española, donde considero que a partir de la unión de estos diferentes elementos, la autora consiguió pronunciarse y desarrollar una forma de resistencia al dolor que le generó este conflicto.

En ese sentido, considero que la autodefinición india vasca utilizada por Mistral representó una forma de expresión de su compromiso intelectual, que entre otras cosas, le habría permitido pronunciarse en relación a lo que fue calificando como las atrocidades de la guerra civil. Al mismo tiempo, creo que al convertir esta autodefinición en declaración, Mistral le confirió una especie de autorización simbólica a sus palabras, posibilitándole ensayar un lugar (de identificación) desde el cual como mujer cónsul latinoamericana pudiese pronunciarse como intelectual en la España de la época. Ejemplo de ello, fue una carta enviada a Pío Baroja, donde Mistral le decía: “Usted perdone, como vasco veraz, el descargo de esta india vasca” (MISTRAL, 2002d, p.237).

En las declaraciones de Mistral sobre España, es posible identificar además del reconocimiento y admiración, algunas críticas a algunas situaciones que observaba, algo que podríamos decir, se presenta como común en los registros discursivos de la autora a la hora de referirse a personas y lugares. Fue durante la guerra civil española, por ejemplo, que la autora manifestó su rechazo a la violencia que veía y donde movilizando la ya mencionada autodefinición de india, recuperó la historia de las relaciones España-América para posicionarse:

¡Por Dios! los españoles están haciendo su guerra civil lo mismo que la conquista de América, y lo peor es que ya comienzan a estar orgullosos de la “epopeya”, según lo vi ayer en una conversación del Consejero de la Embajada en Portugal. Lo mismo que viven orgullosos de la otra “hazaña” americana” (MISTRAL, 2002b, p. 229).

Durante el desarrollo de la guerra civil española y por medio de algunas elaboraciones de recuerdos, Mistral fue pensando España y comprometiéndose con algunas situaciones y personas: “Ahora que han cesado las balaceras y se entierran a los muertos, o se les desentierra…España se me ha vuelto la fuga de los republicanos a Rusia; el salvataje de los pobres niñitos vascos por sus padres heroicos; algunas amistades de esas que nada carcome” (MISTRAL, 2002a, p. 226).

Así, en medio de las atrocidades, recuerdos y reflexiones de Mistral india vasca apareció Tala, tal como ella misma lo sintió, como si le hubiese sido arrancado y como si fuese la única entrega posible de dar a los niños 5 españoles dispersados a los cuatro vientos del mundo (MISTRAL, 1938, p. 271).

2. RAZÓN DE TALA: LENGUA, ESCRITURA Y COMPROMISO INTELECTUAL.

Después de dejar su cargo como cónsul en España, Mistral se mantuvo preocupada por la situación que vivía el país y su gente, dejando registro de ello en numerosas cartas donde fue elaborando sus recuerdos sobre ese país detonados muchas veces por la experiencia de la guerra civil. Así surgió Tala (1938), luego de que la autora saliera de España y reconociera la influencia de ese país a la hora de expresarse e identificarse

Esa España que entre 1933 y 1935 estaba alzada ante mí como un retablo de expresividad y que echó sobre mí su esplendor; ajado pero aun magnificente, debió haberme durado así unos dos años más: hasta cuajarme una lengua recia, muy vieja y muy nueva también, capaz de cantar 6 a la América tanto como a la Europa, sin sentirme una aymará pintarrajeada de blanca…” (MISTRAL, 2002a, p. 224. El énfasis es mío).

Fue en ese canto metafórico donde la autora encontró una posibilidad de resistencia y fue en Tala donde habló de lo americano creando un espacio donde escribir sobre sus emociones, pensamientos y compromisos. Si consideramos que “nas narrações são articulados processos de autoconhecimento, de formação e de produção de conhecimentos” (MORAES; LUGLI, 2010, p.12) podemos reconocer como en esta práctica, Mistral se desafiaba de diferentes formas, a través de sus constantes: revisiones identitarias, preocupaciones por conocer la situación que afectaba al país y sus habitantes y sus ejercicios de escritura a través de los cuales creaba mensajes que hacía circular por diferentes medios tratando de visibilizar el conflicto y particularmente a aquellos(as) a quienes reconocía como víctimas de éste.

En ese sentido, Mistral decía que fue en España y después de muchos años de viajes, que en la lejanía, pudo sentir su América:

Después de 12 años viajando como una beduina, logré acabar aquí mi libro de versos, muy heterogéneo, surtido y revuelto. Palpo allí las mordeduras de una saudade que me hizo sangrar la memoria, despertando en mí una sensación corporal de lo que es América y de cuán América se es, aun más estando lejos de ella.

“En las entrañas dibujado”, como dice San Juan de la Cruz, así tenía yo a la América. Y por rara paradoja ha sido nuestra descubridora, la lúgubre Castilla, quien me la hizo descubrir en mí misma, al punto y ápice que esos poemas declaran (MISTRAL, 2002d, p.240. Énfasis en el original).

En Tala, Mistral incluyó una nota con el título de Razón de este libro, apartado-declaración que en mi lectura permitiría reconocer e interpretar algunos elementos que serían fundamentales a la hora de tratar de comprender el compromiso intelectual de la autora. En ese sentido, destaco los siguientes aspectos: su definición identitaria, el envío de Recados, la presencia de redes femeninas en la construcción de su trabajo, su sensibilidad con el exilio y aquellos (as) que lo viven y sus denuncias públicas sobre situaciones que le afectaban.

En relación a su definición identitaria, puedo reconocer que Mistral retoma su definición como mestiza para hablar a los niños españoles, a quienes dedicó Tala y los fondos que éste pudiese recaudar: “Tomen ellos el pobre libro de mano de su Gabriela, que es una mestiza de vasco, y se lave Tala de su miseria esencial por este ademán de servir, de ser únicamente el criado de mi amor hacia la sangre inocente de España, que va y viene por la Península y por Europa entera” (MISTRAL, 1938, p. 271. Los énfasis son míos). A través de esta cita es posible interpretar como la autora además de autodefinirse, hace explícito su compromiso como ese ademán de servir, lo que podríamos definir, siguiendo a Sevcencko, como sentido de misión, entendiendo que “todo escritor possui uma espécie de liberdade condicional de criação, uma vez que os seus temas, motivos, valores, normas e revoltas são fornecidos ou sugeridos pela sua sociedade e seu tempo – e é destes que eles falam” (SEVCENKO, 1983, p. 20).

Por medio del análisis de sus escritos, podemos reconocer el compromiso de Mistral con la situación que vivía España y donde al igual que otros (as) intelectuales se involucró con ello por medio de su escritura. Retomando a Sevcencko, podemos indicar que en muchos escritores (as) ese compromiso influye en que sus producciones intelectuales estén revestidas de una doble perspectiva documental, pues son por un lado un registro de una época y por otro se constituyen como proyectos alternativos de transformación de ella (SEVCENCKO, 1983, p. 237).

En relación al sentido de transformación que indicaba Sevcencko es que puede entenderse el envío de Recados en la escritura mistraliana,7 donde reconocemos se presentaría una intención pedagógica. En el caso de Razón de Tala, por ejemplo, se reconoce la presencia de Recados como mensajes, llamados de atención por parte de la autora, donde coexisten identificaciones, emociones y provocaciones a los (as) lectores (as), especialmente dirigidos a aquellos (as) de la América española.

Morales analizó el envío de Recados que Mistral enviaba a Chile indicando que éstos estarían mediados por la memoria y la ausencia del lugar (2011, p. 208), algo que también se presentaría, según lo hemos analizado en el caso del envío de mensajes que se presentan en Tala. Según el autor, en los Recados, se presentaría también:

el gesto de alguien que se siente no solo solidario de un destino social y cultural colectivo sino responsable del mismo. Es el gesto, por último, de una pedagogía. El gesto pues de un educador. Tal vez Gabriela Mistral sea la última gran escritora chilena (y latinoamericana) que prolonga durante la primera mitad del siglo xx el gesto de esa palabra educadora que pasa por Sarmiento y se perfecciona con Martí, grandes maestros y orientadores suyos (MORALES, 2011, p.209).

Siguiendo la lectura de Morales, reconozco la palabra educadora de Mistral en los Recados que la autora enviaba a la América española, donde apelando a recursos emocionales e históricos trataba de crear sentido de comunidad y compromiso con la guerra y sus víctimas. No sólo se refirió a América, sino también a su comunidad nacional, llegando a afirmar que Chile era el país más vasco de América: “En el caso de que la tragedia española continúe, yo confío en que mis compatriotas repetirán el gesto cristiano de Victoria Ocampo. Al cabo, Chile es el país más vasco entre los de América” (MISTRAL, 1938, p. 272. Los énfasis son míos).

Esta misma intención se observa en el uso de mi raza, que le permitiría crear también la idea de comunidad, incluso más allá de las fronteras de lo nacional:

Es mi mayor asombro, podría decir también que mi más aguda vergüenza, ver a mi América Española cruzada de brazos delante de la tragedia de los niños vascos. En la anchura física y en la generosidad natural de nuestro Continente, había lugar de sobra para haberlos recibido a todos, evitándoles la estada en países de lengua imposible, en climas agrios y entre razas extrañas. El océano esta vez no ha servido para nuestra caridad, y nuestras playas, acogedoras de las más dudosas emigraciones, no han tenido un desembarcadero para los pies de los niños errantes de la desgraciada Vasconia. Los vascos y medio vascos de la América hemos aceptado el aventamiento de esas criaturas de nuestra sangre y hemos leído, sin que el corazón se nos arrebate, en la prensa de cada mañana, los relatos desgarrantes del regateo que hacían algunos países para recibir los barcos de fugitivos o de huérfanos. Es la primera vez en mi vida en que yo no entiendo a mi raza y en que su actitud moral me deja en un verdadero estupor (MISTRAL, 1938, p. 271-272).

Otro de los elementos que caracterizó el trabajo intelectual de Gabriela Mistral fue su vinculación a redes femeninas, especialmente con mujeres latinoamericanas. Siguiendo a Ana Pizarro y retomando el concepto de invisible college elaborado por la autora, podemos reconocer que estas mujeres integraban:

un grupo articulado virtualmente en diálogo de lecturas, mudo, escrito y también realizado a través de encuentros. Un grupo disperso por el continente que tiene una postura común, en la diversidad de sus discursos frente al espacio de la mujer escritora y frente a la sensibilidad estética de los primeros decenios del siglo en América Latina. Este grupo-o red- condiciona internamente la potenciación de los discursos individuales y marca en su conjunto un momento primero, pero definitivo a nivel latinoamericano, del discurso de la mujer intelectual (PIZARRO, 2004, p. 175-176).

En estas redes femeninas, Mistral se construyó como intelectual desarrollando estrategias de comunicación, creación e intervención. De ahí que, en numerosos textos dejase palabras de reconocimiento a estas redes.

Entre sus redes, destacamos sus intensos diálogos y colaboraciones con Victoria Ocampo, escritora e intelectual argentina, fundadora de la Revista y Editorial Sur, a quien en numerosas ocasiones Mistral interpeló y agradeció: “la grande argentina que se llama Victoria Ocampo y que no es la descastada que suele decirse, regala enteramente la impresión de este libro hecho en su Editorial SUR. Dios se lo pague y los niños españoles conozcan su alto nombre” (MISTRAL, 1938, p. 272).

Además de Victoria Ocampo, destacamos entre las redes femeninas de Mistral a Palma Guillén, intelectual y diplomática mexicana con la que la autora desarrolló una profunda cercanía durante muchos años de su vida, llegando incluso a compartir con ella la crianza de su hijo Yin-yin. De ahí que, en Razón de Tala, Mistral le encargase a Guillén (junto a Ocampo) decidir el lugar al que serían destinados los fondos reunidos por la venta del libro “Dejo a cargo de Victoria Ocampo y de Palma Guillén la elección del asilo al cual se apliquen los pocos dineros recogidos” (MISTRAL, 1938, p. 272). En mi opinión, estos encargos públicos como forma de comunicación mistraliana pueden también haber estado influidos por la censura y la persecución que vivían algunos intelectuales en la época, situación que fue denunciada por la autora en numerosas ocasiones:

Mi Victoria, no hay comunicación postal de aquí a Madrid. Ayer me ha dicho aquel consejero, que ellos la logran mandando las cartas a Barcelona, de donde se las reexpiden. Pero esto es para comunicarse con gente de izquierda, esto no vale para una carta dirigida a María. No puede llegarle ninguna cosa a María que no corra el riesgo de serle observada o atrapada. Voy a ensayar el que, en los cables cifrados que manda nuestra Legación de aquí a la Emb. de Madrid, puedan poner un recado mío para María. Dudo mucho que el Emb nuestro lo transmita, por no, hacerse sospechoso. ¿No sería posible que Ud. ensayase, Victoria, el hacerle llegar desde allá ese recado? Sería el que ella puede venirse a Portugal, conmigo, vía Galicia en este momento, no sé por qué vía en días más” (MISTRAL, 2002c, p. 231. Énfasis en el original).

Así mismo, en algunas de sus cartas, Mistral reconocía sentirse vigilada, según ella, porque algunas autoridades la veían con desconfianza por algunos intercambios epistolares considerados comprometedores:

Mi querida C.C: Su carta y el folleto mandado por usted a París, más una que por milagro llegó aquí, me han hecho entender que ustedes no tienen allá idea alguna de que nosotros estamos sin comunicación con la España “real” desde el comienzo de la guerra civil. Usted tampoco tiene idea de lo grave que es decir algo que sea leído aquí. El correo se impone de la correspondencia de los extranjeros sospechosos, entre los cuales parece que me hallo. Le ruego guardar estas cosas rigurosamente para ustedes dos, sabiendo que aun vivo aquí y que aunque voy a Brasil en meses más, talvez regreso. A una pregunta hecha por cierta autoridad sobre qué razones de desconfianza y vigilancia hay sobre mí, contestó ella que “mis amigos y amigas” me comprometían bastante con sus cartas y en sus cartas. Ahí tiene usted una brizna de lo que pasa(MISTRAL, 2002c, p. 231. Énfasis en el original ).

Podemos indicar que la sensación de estar siendo observada y controlada que Mistral declaraba, parecen haber sido comunes durante la época, llegando incluso a circular numerosas imágenes que denunciaban el espionaje. Ejemplo de ello, fue un cartel que apareció en España en 1936 y donde a través de una caricatura se trabajó la idea de enemigo y diseñando una figura en la que los ojos, orejas y radares del espía estarían en todas partes! De allí entonces, la imagen llamaba a pensar en la necesidad de guardar silencio.8

Retomando la idea de las redes femeninas de Mistral y reconociéndola como parte de ese invisible college propuesto por Pizarro es que considero interesante y complejo estudiar las representaciones de género que la autora elaboró y puso en circulación durante la época. Si bien, por una parte, ella destacó y reconoció el aporte de mujeres en su trabajo, por otra, en algunos momentos, se mostró bastante crítica a la participación de mujeres en algunos ámbitos, como por ejemplo cuando éstas se alistaban para combatir en la guerra, llegando incluso a expresar argumentos bastante conservadores y muy distantes de lo que se puede reconocer en otros momentos y espacios de su escritura:

Ya están peleando, carabina al hombro, las mujeres en España, las falangistas disparatadas y las comunistas. Yo deseo que ganen las izquierdas, pero yo no entenderé nunca el que se lleve mujeres a esa inmundicia de la guerrilla, así sea para salvar al niño Dios que corriese…peligro. Por Dios, estos batallones de mujeres me traen la cabeza vuelta de revés. Pueden ir a hacer la comida de los soldados, a coser su ropa, a llevarles los niños para que les vean, a curarles, a sembrar trigo en Castilla a fin de que no haya hambre, a regar, a trabajar en las industrias, a mil cosas; pero como lo espectacular es el pantalón y la carabina, allá van, las grandes sensacionalistas (MISTRAL, 2002b, p.230).

Formaría parte de un estudio más acabado poder interpretar estas declaraciones de Mistral, preguntándose, por ejemplo, si corresponderían a lo que la autora verdaderamente pensaba o a alguna táctica para conseguir posicionarse como intelectual, mujer y cónsul, etc. De ahí que, podríamos preguntarnos si Mistral utilizaba algunas “imágenes culturales sin peligro”,9 es decir, construcciones que no siendo transgresoras socialmente fueron apropiadas y utilizadas como tácticas de lucha, pensando como ya decíamos en las posibilidades y limites 10 que pudiesen haber marcado su escritura.

Me pregunto esto, porque en algunos carteles que circularon durante la guerra civil española, se puede observar la significativa presencia de mujeres además de algunas alusiones a los roles de género. Ejemplo de ello era cuando se presentaban figuras enaltecidas de la República representada como mujer o numerosas figuras de mujeres al cuidado de víctimas.

En ese sentido, reconozco algunas disputas en torno a algunas representaciones relacionadas con la mujer y los roles que se le atribuían según su género. En ella, Mistral también se posicionó, llegando incluso en algunos momentos a realizar una crítica a la mujer armada, apelando a la construcción de representaciones sobre la mujer como cuidadora de otros (as).11

Como señalamos anteriormente, la autora en numerosas ocasiones dejó registro de sus sentimientos de solidaridad con el dolor que vivían las personas afectadas por la guerra, así como también de su impotencia frente a la indiferencia del mundo frente a este conflicto:

Los he tenido en mi corazón en cada día y talvez en cada hora, a ustedes mi puñado de amigos de España- puñado que es más copioso de lo que creen mis chilenos. Han vivido y siguen viviendo ustedes una experiencia atroz y una tan mezquina solidaridad del mundo que me temo les quede un como sedimento de amargura después que hayan salido de su penitencia. Yo les ruego a ustedes que cuando midan el volumen de la indiferencia tremenda hacia su dolor que ven en los de afuera, piensen en la pobre gente que está a su lado invisiblemente, pero que es de una impotencia irremediable para ayudarles. Así y todo, cosas se han hecho que quedarán claras y puras en el final de esta jornada horrible (MISTRAL, 2002c, p. 231).

En Tala puede reconocerse también la sensibilidad de la autora en relación al exilio y a las personas que lo vivían, por ejemplo, ya desde la dedicatoria del texto a los niños españoles dispersados a los cuatro vientos. Cabe destacar que fue también un objetivo del trabajo consular de Gabriela Mistral contribuir con académicos, artistas y médicos12 que sufrían los efectos de la guerra civil, ayudándolos a resolver algunas situaciones que los afectaban al mismo tiempo que visibilizaba algunas injusticias.

Durante el conflicto, Mistral también mostró sus emociones, llegando en algunos casos, a lanzar abiertamente algunas provocaciones para seguir pensando la guerra y sus efectos y donde enviando Recados advertía sobre la pasividad y la falta de sensibilidad: “Algo me dice que la tragedia no durará mucho más, que no llegará hasta el punto del agotamiento de los beligerantes. No quiero creer sobre todo, no es posible que Europa siga helada y pétrea mirando semejante trance de un pueblo y pensando que solo le afecta a medias” (MISTRAL, 2002c, p. 231. Énfasis en el original).

En torno a las emociones, podemos indicar también que en algunas cartas Mistral se mostró molesta por la situación que vivía España y por la violencia allí desplegada, lo que la llevó a resolver, entre otras cosas, que su ayuda iría orientada sólo a los fugitivos y exiliados del bando republicano, observando además que entre ellos mismos se derrotaban:

Es por todo esto que mi apoyo a los republicanos se ha reducido a la elemental caridad de tenderle la mano al fugitivo y al exiliado. Me he ido alejando de las gestiones y maniobras en pro de los voluntariamente derrotados. Porque fueron ellos los que se derrotaron a sí mismos antes de que Franco los venciera. Artífices de su propia caída, verdugos y víctimas a la vez, con ese apasionamiento que caracteriza a un pueblo claroscuro que obra a relampagazos contra la noche. La frialdad cruel con que los comunistas usaron y luego eliminaron a los anarquistas, nos alerta a sus técnicas tártaras para aplastar a cuantos les desobedezcan o desairen. ¡Pobres ilusos!: los anarquistas soñaban con unas comunidades primitivas que acaso hayan funcionado cuando eran celtas, pero que hoy ya no resultan si tienen hijos y el comercio prospera, exigiendo orden, legalidad y jefatura (MISTRAL, 2002d, p. 239. Énfasis en el original).

Más aun, Mistral reconoció públicamente que su republicanismo era pulcro y derecho y casi en tono de arenga, indicó que el tiempo podría juzgarla: “Y cuando haya pasado la sucia marejada de este tiempo- Dios puede darnos larga vida, Maestro Ors-sabrá también que mi republicanismo ha sido en todo momento pulcro y derecho y que no ha hecho sino auxiliar a profesores, mujeres y niños españoles errantes, en la misma forma de los cuáqueros americanos” (MISTRAL, 2002e. p 242).

En su posición como intelectual, Mistral aprovechó su tribuna pública para hacer diferentes denuncias que transitaban desde la falta de solidaridad de Europa con la desgracia española hasta el pirateo de los derechos de sus libros: “Ruego que no despojen a los niños vascos las editoriales siguientes, que me han pirateado los derechos de autor de Desolación y de Ternura, invocando el nombre de esos huérfanos: la Editorial catalana Bauzá y la Editorial Claudio García, del Uruguay, son las autoras de aquella mala acción” (MISTRAL, 1938, p. 272-273). Así se fue posicionando y comprometiendo como intelectual por medio de su escritura, esa que trataba de sensibilizar a sus lectores (as) sobre la desgarradora violencia que vivían quienes sufrían los efectos de la guerra civil española.

3. DE PORQUE LOS NIÑOS: ELABORACIÓN SIMBÓLICA DE LA INFANCIA.

Al analizar la trayectoria intelectual de Gabriela Mistral es posible reconocer su permanente preocupación con la infancia, ya fuese, de manera transversal o incluyéndola como temática para sensibilizar a sus lectores(as) sobre la importancia de atenderla y protegerla.

Me parece interesante observar como la autora, en mi lectura, tratando de problematizar el concepto de infancia, destacó algunos elementos que aparecían como significativos a la hora de nombrar familiarmente a los niños(as). Mistral decía que las descripciones de la infancia se centraban en el tamaño, de manera que, podríamos interpretar se destacaba su fragilidad probablemente no sólo física, sino también simbólica, esto me parece podría tener como intención denunciar la construcción de representaciones en las que se fragilizaba a la infancia: “En la fila de nombres familiares que damos al niño, y que van de lo cariñoso a lo zumbón, se hallan éstos: pergenio, cabecitas, varilla, ovillo de hijo, sí-es-no-es. Todos insisten en la talla. Con doble razón: de tan pequeño cualquier cosa lo cubre, una mata, un animal, y cualquier bulto nos lo tapa entero” (MISTRAL, 1979a, p. 68).

Por otra parte, y seguramente con la intención de resignificar el concepto de infancia, Mistral fue construyendo algunas imágenes de ésta asociadas a la frescura y la gracia, al mismo tiempo que la entendía como un espacio metafórico de oreo del alma. De ahí que, reflexionaba sobre la presencia de la infancia en nuestra vida criolla, tal vez, enviando como recado la necesidad de preguntarnos sobre cuanto de lo que ella representaba, habíamos perdido:

Nuestra vida criolla está llena a rebosar de adulteces o madureces y de vejestorio: la infancia apenas “aparece” aire confinado o calenturiento. También a mí me vuelan con la manita al aire los duendes de este día, baja- dos de cerros y quebradas. Un napolitano que tuvo hambre con y sin fascismo (un pescadito por almuerzo), un negrito de Brasil, gracioso, luciente como un tordo, un saltarín que me salta en cuero, de Las Hurdes de Castilla, se me entremeten en el papel.

Pudiese ser por esta ausencia de frescura, o sea, de infancia y de oreo del alma (MISTRAL, 1979a, p. 68).

Más aún, reconozco a Mistral en su tono recadero, interpelando al Estado y a las comunidades a pensar la importancia de la infancia, llamando a apreciar su belleza y sus posibilidades simbólicas a la hora de construir una sociedad más equitativa y espiritual:

La infancia servida abundante y hasta excesivamente por el Estado, debería ser la única forma de lujo-vale decir, de derroche- que una colectividad honesta se diera, para su propia honra y su propio goce. La infancia se merece cualquier privilegio. Yo diría que es la única entidad que puede recibir sin rezongo de los mezquinos eso, tan odioso, pero tan socorrido de esta sociedad nuestra, que se llama “el privilegio”, y vivir mientras sea infancia, se entiende, en un estado natural de acaparamiento de las cosas excelentes y puras del mundo, en el disfrute completo de ellas. Ella es una especie de préstamo de Dios hecho a la fealdad y a la bajeza de nuestra vida, para excitarnos, con cada generación, a edificar una sociedad más equitativa y más ahincada en lo espiritual (MISTRAL, 1979b, p. 62).

Así, en las reflexiones mistralianas pensar la infancia permitía pensar también las sociedades, invitándonos a reconocer en cada nueva generación una esperanza transformadora para nuestras colectividades ya envejecidas metafóricamente: “Cada niño trae una esperanza llena de fuerza y de misterio a las colectividades caducas que son las nuestras, hasta en esa fresca América. No hay ninguna entidad de adultos que contenga sugestión semejante a la de la infancia de vida superiormente pura. Y ninguna sugiere con más fuerza que ella organizaciones nuevas del mundo” (MISTRAL, 1979b, p. 62. El énfasis es mío).

Me parece interesante destacar que fue común en Mistral atribuir a América las características de un lugar lleno de frescura incluso de esperanza como se puede reconocer en algunos momentos de crisis como por ejemplo en las guerras mundiales. Hago esta observación, precisamente para dar cuenta de algunas de las especificidades a partir de las cuales, la autora entendía algunos espacios. De modo que, si para Mistral América representaba la frescura y la esperanza, características que la autora asociaba a la infancia, podríamos preguntarnos entonces como representaba a Europa, ese viejo continente, especialmente, si nos referimos a él en momentos de crisis.

La misma reflexión podemos circunscribirla al caso de España durante la guerra civil española, donde como señalamos anteriormente, la autora se comprometió, entre otras cosas, dedicando su libro Tala y los fondos que éste recaudase a los niños españoles refugiados por el conflicto y donde a través de ello visibilizó y puso en circulación una problemática que a su juicio no estaba siendo suficientemente atendida, al igual que los sujetos que estaban siendo afectados, pues como ella decía cualquier cosa nos tapaba la infancia, al mismo tiempo, que movilizó reflexiones sobre la sociedad y el futuro de ésta.

La preocupación de Mistral por la infancia, fue algo reconocido también por la crítica, ejemplo de eso, es que en el Diario Ilustrado del 19 de Mayo de 1940, apareció publicado el comentario de Carlos Rene Correa, donde el autor a partir de la publicación de Tala, reconocía en Mistral una entrega constante hacia los niños: “¡Siempre los niños en su generoso espíritu! Ella los ha tenido cerca de su persona durante sus años de maestra; ahora los lleva siempre en sus cantos de milagroso sentido, de ascética expresión. Su lengua ha buscado bendiciones para ellos y se ha encontrado con la parábola del Evangelio!”

Durante la guerra civil española, la preocupación de Mistral por los niños parece haber intensa y permanente, dando muestras de ello de manera pública, algo que ya en Razón de Tala quedaba de manifiesto:

La “Residencia de Pedralbes”, a la cual dediqué el último poema de Tala, alberga un grupo numeroso de niños, y a mí me conmueve saber que ellos viven cobijados por un techo que también me dió amparo en un invierno duro. Es imposible en este momento rastrear desde la América las rutas y los campamentos de aquellas criaturas desmigadas en suelo europeo. Destino, pues, el producto de Tala a las instituciones catalanas que los han recogido dentro del territorio, de donde ojalá nunca hubiesen salido, a menos de venir a la América de su derecho natural (MISTRAL, 1938, p. 272).

Como se puede apreciar en el texto anterior, la autora se mostró afectada por la dispersión y vulnerabilidad en que se encontraban los niños y destacó el trabajo que realizaban los albergues. Al mismo tiempo, promovió un sentido de pertenencia con América como estrategia para pensar el conflicto.

La preocupación con el refugio de los niños afectados por la guerra fue algo que se expresó también en algunos de los carteles que circularon en España durante la época, donde los mensajes se referían a los hogares que atendían a los niños refugiados, a sus juegos, alimentación, instrucción y todo lo que pudiese caracterizar estos espacios. Se reconocen en ellos frases como “vuestros hijos están bien atendidos”, donde el uso del vuestro se presentaría como un refuerzo de los lazos que posibilitarían uniones.

Recogiendo el concepto de natalidad de Hannah Arendt, podemos analizar como Mistral, de manera simbólica, significó a la infancia como posibilidad de pensar un nuevo comienzo constituyéndose como una esperanza en medio de tanto dolor, y donde como decía Arendt “Cada nacimiento nuevo es como una garantía de la salvación del mundo, es como una promesa de redención para aquellos que ya no son un comienzo” (ARENDT, 2006, p. 200).

Siguiendo nuevamente a Arendt, podríamos decir entonces que la guerra civil española, fue un suceso en el sentido que interrumpió el transcurso cotidiano de lo vivido. Este suceso, posteriormente se habría convertido en hecho y en cuanto tal habría posibilitado las narraciones, los recuerdos y los procesos que buscan dotar de sentido a la vida que acontece. En esta lectura, sería esta guerra, como suceso, garantizada por el nacimiento y la muerte, donde ambos elementos estarían sensiblemente presentes. Los sucesos estarían garantizados, en tanto, se agregarían nuevos integrantes a la sociedad y se perderían aquellos que contribuirían a crear un nexo de lo que acontece:

Suceso- acontecer- hecho: todo suceso acontece en un marco de actividad, e interrumpe su transcurso rutinario, cotidiano, “necesario”, es decir, previsible. Sin esos sucesos el transcurso del acontecer (“nunca me sucede nada”) es completamente insoportable en su aburrimiento y absurdo. Los sucesos, cuando han pasado, se convierten en hechos. Como tales, se asimilan al transcurso del acontecer y pierden precisamente su carácter de suceso. En cuanto hechos, los sucesos articulan el mero transcurso de la actividad cotidiana, que sin éstos no podría narrarse, ni recordarse y carecería de sentido. Los sucesos en definitiva están garantizados por el nacimiento y la muerte, por el hecho de que se añaden nuevos hombres y se van aquellos que contribuyen al nexo de lo que acontece (ARENDT, 2006, p. 316).

Así, Mistral como narradora de experiencias y sabiduría en un sentido benjaminiano (BENJAMIN, 1994) elaboró y transmitió recuerdos y Recados por medio de su palabra educadora, tratando de dar sentido a las experiencias que se vivían y apostando en sus intervenciones intelectuales por esa infancia, dispersada a los cuatro vientos del mundo como esperanza simbólica para esa España tan devastada por la muerte.

4. “Y DOY LA CARA A MI AGONÍA”!13: ALGUNAS REFLEXIONES

Como señalamos anteriormente, cuando Mistral pensó la infancia afectada por la guerra civil pensó también la construcción de una nueva España más justa y más ligada a lo espiritual y a la paz. Entendiendo que “as obras literárias são documentos históricos e culturais, e, portanto, os autores ao escreverem estão discutindo questões do tempo presente” (MORAES, 2004, p. 5), me parece interesante pensar como Mistral en su literatura habló sobre los hechos históricos y se posicionó en una disputa en la creación de representaciones.

Utilizando numerosos recursos como su auto-identificación como india-vasca, el envío de Recados, la participación en redes con mujeres intelectuales, la sensibilización con el exilio y aquellos (as) que lo vivían y las denuncias públicas sobre situaciones que le afectaban, la autora habló de la guerra, los niños, las mujeres y recurrió también a la historia y al uso de imágenes, para movilizar algunas emociones y detonar memorias que produjesen algunas reflexiones. Preguntarse sobre los vínculos que unían América y Europa, interpelar a su raza y a sus compatriotas y pensar las posibilidades de unir diferentes tiempos, lugares y personas, es algo que en mi lectura caracterizó el trabajo de la autora.

Creo que son numerosas las posibilidades que los textos mistralianos ofrecen a la interpretación, como indicaba anteriormente se podría pensar, por ejemplo, en los roles de género, en las posibilidades de que una intelectual, mujer y cónsul se pronunciase durante la época, en las censuras y en una inmensidad de temáticas que podrían ser analizadas. Al mismo tiempo, me parece interesante poder seguir reflexionando sobre las intervenciones intelectuales de Mistral en momentos de crisis o guerras, donde desafiando la pasividad que se atribuía a las mujeres y dando la cara a su agonía, amalgamó pasado, presente y futuro para reflexionar sobre la guerra civil española y la infancia como posibilidad de pensar realidades y sociedades nuevas.

Pensar la infancia en los textos de Gabriela Mistral nos abre nuevas posibilidades de interpretación, donde como metáfora o imagen nos permita comprender de manera más sensible el pensamiento de la maestra-cónsul. Pienso, por ejemplo, en las ya mencionadas reflexiones de Hannah Arendt o en las propuestas interpretativas de Walter Kohan (2007), donde la infancia es entendida como “palabras nacientes”, que movilizarían otras reflexiones, en educación, en filosofía o en política.

Tal vez, sean llaves interpretativas como éstas, las que nos permitan entender aquello que Mistral pretendía provocar con los cantos de su palabra educadora, sugiriéndonos imágenes llenas de frescura y de gracia que nos aproximaban a re-significar la infancia, desde la fuga de lecturas tradicionales que la veían como una etapa inicial de la vida o marcada por la fragilidad o carencia. Creo que en los tiempos de la guerra civil española, la palabra educadora de la india-vascade cara a la agonía– se presentó como un regalo para esos niños españoles dispersados a los cuatro vientos del mundo y para todos (as) aquellos(as) lectores (as) que reconocieron en la infancia una palabra naciente, un espacio de oreo del alma y una posibilidad para pensar un mundo más libre de la tragedia y la muerte.

Pienso también en la vigencia de estas reflexiones mistralianas. Pienso en ello, mientras los noticieros nos muestran imágenes de niños sirios náufragos que mueren ahogados en las costas turcas.

En tiempos como estos, es que hacen ruido muchas de las palabras-denuncia de Mistral. Pienso por ejemplo, cuando decía que: “El océano esta vez no ha servido para nuestra caridad, y nuestras playas, acogedoras de las más dudosas emigraciones, no han tenido un desembarcadero para los pies de los niños errantes” (MISTRAL, 1938, p. 271-272).

Pienso en que una vez más la infancia nos interpela a pensar estos tiempos de tragedia y muerte y en que tal vez sea hora de volver a escuchar los recados de la maestra y pensar en quienes son hoy esos niños dispersados a los cuatro vientos del mundo.

REFERENCIAS

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1Agradezco a la “Beca Iberoamericana Jóvenes Profesores e Investigadores Santander Universidades” por permitirme realizar la pasantía de investigación durante la cual escribí este artículo. A la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación por el apoyoy a la Profesora Dra. Dislane Zerbinatti Moraes por tantos aprendizajes y por su generosa acogida en la Facultad de Educación de la USP.

2Ana Caballé también desarrolla esa idea, indicando que las biografías que consultó para estudiar la estancia de Mistral en Madrid (1933-1935), desatendían o dejaban incompletas las menciones a la etapa de vida de la autora posterior a la publicación de Desolación (1922), desarrollando cuidadosamente sólo sus primeros años de vida(CABALLÉ, 1993, p. 234).

3Según el mismo autor esta autodefinición habría sido ratificada por la autora en una entrevista en 1933.

4Según Vargas dataría de 1936.

5A lo largo del texto utilizaremos la palabra niño siguiendo la escritura de Mistral, quien en el texto Razón de este libro incluido en Tala no utilizó un lenguaje inclusivo en términos de género.

6Destaco la palabra, porque en numerosos momentos, Gabriela Mistral utilizó la figura del canto al interior de sus escritos como metáfora de su propio trabajo.

7La autora llegó incluso a desarrollar un tipo de texto literario específico- se discute si correspondería a género- denominado Recados, textos en prosa y en verso, publicados entre 1919 y 1952, que tenían por títulos: Encargos, Mensajes, Recados, Comentarios, donde entregaba tareas al lector, siempre en un tono íntimo y emotivo. Para más detalles véase: GRANDÓN, 2009.

8Para más detalles véase el archivo digital disponibilizado por el gobierno español en http://pares.mcu.es.

9La expresión “imágenes culturales sin peligro” fue desarrollada por Asunción Lavrín para desarrollar sus análisis sobre las tácticas de lucha de algunas feministas del Cono Sur en el cambio del siglo XIX al XX con la intención de hacerse un lugar en la política (LAVRIN, 2005, p. 27).

10 Sevcencko hablaba de complejidad de la escritura en su condición de posibilidad y límite.

11Sería interesante observar como muchas lecturas conservadoras acerca de la mujer y sus roles de género posteriormente con el triunfo del franquismo fueron impuestas como hegemónicas.

12Para más detalles, véase: Elizabeth Horan, Consul Gabriela Mistral en Portugal, 1935-1937: “un policía en la esquina y dos o tres espías dentro del hotel”.

13 Extraigo la frase del poema “Recado para la ´Residencia de Pedralbes” en Cataluña” incluido en Tala (MISTRAL, 1938, p. 264).

Recibido: 20 de Abril de 2017; Aprobado: 05 de Febrero de 2018

Contato: Dirección para correspondencia con la autora: Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación Departamento de Formación Pedagógica Av. José Pedro Alessandri N° 774 Ñuñoa, Santiago|Región Metropolitana|Chile. Código Postal: 7760197

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Doctora en Educación por la Universidade Estadual de Campinas. Magíster en Estudios de Género y Cultura por la Universidad de Chile. Licenciada en Educación y Profesora de Historia y Geografía por la Universidad de Santiago de Chile. Profesora Asociada del Departamento de Formación Pedagógica de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación. Miembro de la Sociedad Chilena de Historia de la Educación. Correo electrónico: <carolasepulvedavasquez@gmail.com>.

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